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jueves, 10 de junio de 2010

SI QUERÉS LA INTEMPERIE

Que te quede claro
  que afuera
    ya no estarás más a mi resguardo
      y más allá te habré olvidado
       más allá serás polvo, arena al viento
         pedazo perdido de pluma
           de ave panzona, vieja, triste.

          Afuera no hay tejados
       ni calor de paredes ni marcos de puerta
    ni siquiera armarios ni ropas en molotes.

   Tus zapatos se irán destapando
      la epidermis se resecará
        caerá desquebrajada, como muda de culebra
          por el sol que succiona vidas
            para iluminar el día con energía robada.

            Afuera hay grandes imperios
              sobre cuerpecitos oprimidos
                escuálidos, muertos de frío.

               Afuera chupan las venas a la tierra
           pasan de cero a cien en cinco segundos
        la especulación devora economías
     se sienta en su trono e inventa las cifras
  de la educación, del petróleo, de los sueños.

  Afuera todo está repleto de nada
    pareciera mentira pero aquí estás a salvo
      del machismo, de la deuda externa
        de la lluvia ácida
          de tus propios pasos que das con miedo
            porque sabés que afuera no me vas a tener
              y eso te aterra.

lunes, 31 de mayo de 2010

AUTÉNTICA REPRODUCCIÓN DEL REPUDIO

Hacíamos mil horas del día
el amor cara a cara
ocho extremidades multiplicadas por ocho
se nos hacía sesenta y cuatro
un número sensato
para practicar posiciones cotidianas.

La felicidad es pretérita, diminuta
cabe en una palabra
en una bolsa desechable.

Supuse que lo sabías, que lo intuías al menos
lo deduje de tus labios que dicen tanto callados
del tono rojo inflamado que llevan por la presión
de callar para no desatar el infierno.

Me diste tus ojos en blanco
tu aspecto al borde del abismo
tu simulacro que no funciona
tu estafa de normalidad.

Me diste la sospecha
el otro lado de la cama
el silencio rotundo
y otra vez esos ojos perdidos
tu simulacro que no funciona.

Pero soñé tu sueño
tu cuerpo desnudo a contraviento
violado, manoseado, chupado, lacerado
el capullo cristalizado de tus ojos
lágrimas vueltas cenizas
mientras se acercan los tipos
te guiñan del pelo, te desgarran
te infectan maldiciones con sus dientes
y la luna es negra y el cielo blanco
todo ese dolor perpetuo hasta los tuétanos
la mugre en la calle mientras los carros transitan
y los pasajeros se asoman
con sus ridículas miradas de flashes
y todos (los tipos, los conductores, los pasajeros,
la mugre, la luna negra y el cielo blanco)
todos, soy yo
[+] Imagen: Roberto Guillén

domingo, 14 de marzo de 2010

PEQUEÑA SERIE DE ACTOS

Te hacés a un lado, me evitás con tu lomo reptil, con el gesto de recogerte el pelo para lanzarlo hacia mí en señal de reclamo, de desafío. Yo hago el papel de quien no se inmuta, o al menos lo intento por un momento contemplando el cielo raso que contemplo desde hace 23 años, con sus relieves de madera soplada por la humedad, con sus telarañas en los bordes y los hoyos de chinches que fueron puestos por alguien que quería alejar malos sueños con fotografías panorámicas. Te aferrás a la almohada tal si fuese tu nuevo amante, tu salvación; veo de reojo, el celo pone a prueba a la muralla del orgullo con sus atalayas de hormigón, aun no cedo. Hay un dique que contiene a mi cuerpo para evitar desbordarse sobre el tuyo. Cosa tonta, sabiendo que no se requiere más que un abrazo o un beso tibio en la nuca para romper la distancia. Murmurás contra la pared, como niña regañada, desprotegida, al alcance y a la vez tan lejana, te cobijás hasta los pies para castigar mi mirada que te husmea hasta el más ínfimo detalle, suspirás un poco, bostezás, das media vuelta como quien quiere y no quiere a la vez y volvés a tu posición original. Me retraigo un poco por tu movimiento caprichoso, no pretendo molestar ni darte la razón. Tus orejas se enrojecen, me quiero levantar y correr pero algo, (un telón asido a un marco, una cuerda unida a su eje) me lo impide. Ya no sos vos sino tu silueta dibujada por la sábana, una momia viva a mi lado o una efigie desapareciendo en el espacio diminuto y carcomido de mi cuarto. Te veo, localizo tus ojos tras la tela y siento tu mirada viperina e hipnótica que me hace retroceder, llegar al filo de la cama y caer a un abismo solitario.
[+] Imagen: James Jean

martes, 28 de julio de 2009

CANÍCULA (un ciclo trágico)

I.

Augusto y Carla empezaron para las primeras lluvias de mayo, hace tres o cuatro años. Amaban el invierno, el olor a tierra mojada, la rayería, el viento conspirador y el explotar de las gotas en el suelo; cuando sentían augurio de lluvia o veían que el cielo se nublaba se llamaban de inmediato para citarse en el lugar de siempre. Lo olvidaban todo, en ese momento su única obligación- disfraz con que cubrían su placer húmedo- era coincidir en la misma pieza tapizada de madera y de goteras. Era una especie de ritual, pegaban sus narices a la ventana y veían gota a gota su entorno húmedo, lanzaban plegarias al Dios Lluvia y de sacrificio entregaban sus cuerpos al amor. Así era como todos los años perdían sus trabajos. Pero la lluvia hace pausa, es caprichosa. Los días de julio a agosto se volvían bochornosos, extenuantes y brillantes. Augusto y Carla lograron descifrar el lenguaje de la naturaleza y decidían hacer una pausa y terminar para esas fechas hasta que volviera la lluvia, se comunicaban sólo en morse. Al descender de nuevo la nube gris cargada de agua, las aves y las hojas se lavaban, el viento soplaba frío, salían retoños de las plantas y Augusto y Carla retornaban a su rutina húmeda de amor con más intensidad. Este año no hay invierno, no es que venga tarde, simplemente no hay. Este año no hay cosecha, sólo polvo y calor, no hay gotas más que las que emanan de los cuerpos deshidratados. Este año Augusto y Carla no están juntos y para ellos, para sus mentes jamás se conocieron. Ahora solitarios y desiertos, andan sufriendo de un exceso de sueños húmedos.

II.

Carla y Augusto se encuentran a veces en sueños, más allá del poder de la mente subyace el amor, se rozan la piel con temor, Carla llora casi siempre mientras a él le tiemblan las piernas. Quisieran juntarse de nuevo pero al volver a la realidad encuentran barreras demasiado altas para escalarlas como duras para esquivarlas. Sigue sin llover y la tierra se parte, el sol se filtra y hace emerger al infierno. Carla juró que no iba a volver a amar ni ver al cielo, se ha secado como una planta sin agua y camina con sus raíces desquebrajadas, come poco, no se maquilla y se sienta durante horas y horas a ver hacia el frente por la ventana. Augusto renta una pieza en un barrio bajo de la ciudad, colecciona fotografías de gente desconocida que roba en los basureros de los estudios fotográficos, les corta la cabeza y les dibuja auras corporales con marcador. Se ha vuelto un alcohólico, quizá para intentar matar el dolor, la soledad o el clima; bebe Ron Plata a pico de botella y saca de las bolsas del pantalón billetes hechos tucos para pagar. Lo han asaltado tres veces, lo han atropellado dos veces, lo han vapuleado mil veces pero tan sólo una vez se ha podido enamorar.

III.

Al otro lado del mundo se encuentran la luna, el viento y las nubes ¡deja que llueva, deja que llueva! y vacía cae la lluvia triste, carente de amor. El cielo llora sobre los tejados, sobre las copas de los árboles, sobre los rótulos y los capós de los carros ¡deja que caiga la lluvia desierta! y la lluvia cae sin alma y sin propósito porque después de Carla y Augusto, después de sus ratos de mojado amor ya nadie es feliz.

viernes, 3 de julio de 2009

FRAGMENTO

Te esfumas, te me vas
Te persigo tocándote el rastro
Rozándote el velo con las yemas arrastradas
Beso al suelo con el mentón chollado
Y percibo tu olor a lo lejos
Tu olor imposible
Que sabe a todo y a nada…

jueves, 2 de julio de 2009

TE HAS VUELTO INALCANZABLE




Me resulta difícil describirte en momentos tan insípidos e inhóspitos como este, antes era más fácil, lo hacíamos todo en un canto ¿recordás? cuando carecíamos de gravedad, las gotas y nuestros pedazos de cuerpo se quedaban suspendidos como en un manto celeste y áspero. Ahora, a esos pedazos tuyos los encuentro dispersos por todos los confines de la tierra, desierta, marchita y silenciosa. Los ando juntando, llamándote por tu nombre, si es que acaso es el mismo, si es que acaso sigues siendo humana y no has mutado o muerto y reencarnado en aquel gato negro que tanto querías ser; ando juntando aquellos pedazos que no me alcanzan, construí un canasto de paja para llevarlo a cuestas pero aun no me alcanzan...no me alcanza el vacío, el abismo del alma no alcanza en mi ser, diminuto, obtuso y terreno, no alcanza la inmensidad de tus restos. No me lo voy a perdonar.