sábado, 3 de octubre de 2020

Poesía en versus

 

Ya no quiero. Me rehúso a seguir este ejercicio. La narrativa no pega. La narrativa es una placenta rota. Me resisto a que los caminos se bifurquen en una historia y que las calles se llenen de sobreadjetivaciones banales. Temo ir de corrido. Voy de punto en punto. Mirá. Mirame. Voy de punto en punto hasta la muerte o hasta lo más llano e inhabitado del mundo. El cursor es un ave sin alas, el cursor es un soldado que traiciona. Quiero hablar sobre los puntos. Los puntos para mí son una parada estoica y honorable frente al precipicio, se balancean, hacen malabares, pero no caen. Los puntos son mi zona de confort ante la ortodoxia. Pataleo ansioso frente a la laptop. Tengo el pelo lleno de virutas de lápiz. La mente corta las ideas en tajos. De repente me veo atrapado dentro de un tronco que está inclinado. Al fondo del tronco se divisa la motosierra del leñador. O eso creo haber visto, mientras agarro otro libro de poesía entre mis manos. Esto ya raya en la manía. Voy a la playa con un libro de poesía y una libreta, cruzo la calle a ciegas por leer libros de poesía, rebalso la comida en el plato por estar de pendejo leyendo poesía. Decían que Ulises Lima leía poesía mientras se duchaba, por eso los que lo conocían se quejaban del estado de esos pobres libros. Por eso nadie le prestaba libros a Ulises Lima. Pero eso no me consta, como nada que sea realmente válido en esta vida, o en la siguiente. Construyo versos atroces, horribles, pero soy empecinado. Cuando viajo de Managua a Tola voy fabricando ideas, que se cuelan entre las canciones que escucho, o entre carro y carro o carril y carril hasta donde me da el campo de visión. Pienso en que la poesía es ir cuesta abajo y sin freno y eso me apasiona. Pero todo se reduce a la mala suerte. Pronto abrirán una convocatoria a un concurso de cuentos o de novela. Voy a leer el anuncio en facebook y me voy a emocionar. Voy a estar atento a que publiquen las bases y al leerlas días después me voy a sentir bastante imbécil por no poder llegar al mínimo requerido de cuartillas, o por llegar a las completas, juntando toda mi producción entre uno que otro chispazo de luz, rodeado de una niebla espesa de cuentos flojos, de historias malas. El poeta es un pedazo de trapo flotando en el aire. Está tan desolado como los escombros tras un terremoto. Es palmado y huele mal. No tiene amigos. Presta y no paga, pero tampoco –razón extraña- nadie se atreve a cobrarle. El poeta colecciona botellas vacías a las que les quita las etiquetas. Es neurótico y anda con los calcetines nones. Es un inadaptado. La gente lo ve puteando a la nada, pero él alude a sus demonios. El poeta guarda un relicario en cuyo interior anidan todas las lágrimas que ha echado desde que escribió su primer verso.


(*) En la fotografía, la obra Pensamientos, de Denis Núñez

miércoles, 19 de agosto de 2020

Preciso ser mártir para todas mis capas

 Hay una fuga perenne en mi cuerpo/ un crepitar compás de a tiempos precisos/ radicados en mis chasquidos/ que son los últimos rastros de comunicación con mis huesos

Hay listas con apellidos en mis brazos/están ahí, tatuados como lápidas/ alguien los puso mientras dormía/ los propietarios de esos apellidos se comunican conmigo/ a través de la tinta que cambia de forma

Hay una carpeta con fotos de rostros en mi pc/ son miles de ellos/ alguien los recopiló para mí/ en mis sueños los cuelgo sobre ramas y los contemplo/ ellos en lo alto viendo hacia la nada/ yo, enjugados los ojos de lágrimas/ yo, entornando los ojos para describirme a mí mismo sus rasgos/ retrato mental licuadora

El patio está tapizado de hojas volteadas/ anidan gotas que permanecen en su forma íntegra/ atrapadas en la intemporalidad atrapando prismas/ quiebres refractarios multicolores en las comisuras de sus labios de agua/ prisión, fecundo néctar pausado en el rectángulo de ese lienzo clorofila    

 Las voces vienen del fondo del pozo/ los zancudos se reproducen y con ellos las voces/ y las picaduras de los zancudos canalizan esas voces en mis venas/ que explotan/ sí, las venas explotan en mi boca como un babel atmosférico ascendente/ que cubre todo, no de sangre sino de vocablos perdidos en la profundidad de la selva

Y estoy demarcando una frontera en mi cama/ porque la fuga no cesa/ no para de manar fiebre contagiosa de extravío que cala/ mis entrañas, que son pétalos rotos/ veneno instantáneo para las pieles que mudo/ y me extiendo, aquí mismo/ frente a la piedra altar en la que me sacrifico.

preciso ser mártir para todas mis cortezas     

(*) en la imagen, obra Días de silencio, por Oliver Otero

viernes, 14 de agosto de 2020

Mefi, el gris

Tu pelaje carbón-ceniza

hace juego con tu lengua rosa

Me despierto y estás a mi lado

es de noche, y contemplo

cómo cerras tus ojitos

mientras froto tu frente con un dedo

Tus garritas se ensartan en la almohada

danza de compases

uno-dos-reversa, y así

De pronto, un sueño profundo nos invade

y nos reencontramos en un universo onírico

vos fluoresciendo y yo saltando entre nubes

vos persiguiendo grillos de azúcar

ambos flotando sobre una alfombra persa

Al despertar, me pedís comida con los ojos

frotás tu frente en mi mano

¡tengo hambre, humano!

Nos levantamos a desayunar

tu panzota ya no da a más

la reposás sobre el piso

y conectás con el tremor perpetuo de la tierra

Me acompañás a hacer jardín

y le susurrás coplas a los capullos

para que abran sus pétalos

Mefigatito

pelotita de amor incondicional

ánima pura ronroneando

Te cobijo y nos dormimos de nuevo.


martes, 4 de agosto de 2020

Xochitónal

Aquí yace la máscara

su brillo se ufana de ser perpetuo

pero se descascara

con las pocas lluvias de la canícula.

Lágrima serpiente

mudando

                        la piel

                                    que se viste de humo

Rama solitaria

de la que penden las últimas gotas de hiel

las notas borradas

y los susurros

atrapados en las curvas de las hojas.

 

La capa está húmeda y despojada de toda metáfora.

la lengua torrente

mana

alhajas preciosas de clorofila profunda

y ser ave y rayo

y humanidad vacía, postrada sobre el césped

 también se vale.

Como también se vale ser estambre

polinizador de ojos

y cantos de colibríes.

 

Los colores veneran la exuberancia

y viceversa

            la podredumbre se regenera

                        en ese cofre-alma palpitante.    

Las hormigas entierran cajones vacíos

para reposo de todas las voces internas.

 

Aquí revientan los tallos que son venas

aquí el ciprés copuló con la palma

aquí los espejos rotos se hacen polvo.  

 

Antes de penetrar el subsuelo

mariposa de jade

revolotea

hasta que

el nuevo rostro emerja

de entre los pétalos mustios

de entre este infierno florido.




(*) Documentación en 5 días de máscara con flora en descomposición, por Stephania Arce

jueves, 18 de junio de 2020

El anhelo de las diosas es encontrar la muerte


We are stars now
In the dope show
Marylin Manson


Sólo los ojos
pares de ojos  
unidos unos a otros, sin pestañear
El bellísimo temor de no romperme los huesos
la extática imagen de la sangre cubriendo el tabloncillo
Gerardo Arana en primera fila escribiendo Meth Z
Iluminado apenas por un candil
que también proyecta a mi abuela sonriente
orgullosa de mí, cubierta con su chal andino.
Brujitas y siemprevivas brotando tras la lluvia
el olor a tibio recién hecho
unas manos artríticas sosteniendo la taza.
Los primeros rayos de luz de la mañana anterior
mientras a tientas buscaba mi calzón
mientras D se daba la última ñateada
y sus gatos peleaban sobre la mesa.
Todos mis vestidos agujereados por quemaduras de cigarros
todas mis voces siendo apagadas
por D, por la lluvia, por el colapso del sistema.
Los recuerdos son pequeñas dosis de muerte
mi padre llevándome a mi primer ensayo
un río espumoso
rótulos de Eskimo
payasos despintados en un semáforo
la distorsión de una guitarra eléctrica saliendo del cuarto de al fondo
Me administro la muerte a microdosis
me asomo al borde  
estoy presa en una pecera de aguas oscuras 
soy un escenario acuoso
mi corazón es repartido tras bastidores
me gustaría mostrarles cómo
pero debo estar aquí y entretener
a los conductores que llevan guantes de látex
a las estatuas doradas y a los trabajadores del INSS
que no pagaron y vinieron a desgano.
¿Cuántos buitres pueden circundar un cadáver?
mi esqueleto es clasificado en bolsas transparentes
por forenses que mandan versos a las enterradoras
para luego juntarse a danzar boleros febriles
y a leer poesía diabólica en los cementerios.
Llevo navajas atadas a mis pies
pero estoy tan lejos que no puedo cortar a nadie
y tan hastiada de todos, que ya nadie puede hacerme nada
Mi refugio está hecho de oscuridad
soy el show hecho carne
soy quien maneja las tramoyas
y quien rompe el cerco para emerger entre ustedes
y observarme a través de sus ojos.


                                                    (*) Foto por Stephania Arce